Todos están enterados de los varios y muy complicados problemas por los que atraviesa la entidad “millonaria”. Desde los conflictos con los barras bravas, hasta los problemas financieros, atravesando también los inconvenientes de un equipo que no encuentra respuestas futbolísticas.No hace mucho tiempo el jugador argentino, ex Rosario Central, “Lucho” Figueroa se fue del club, ya que desde su llegada no había cobrado un solo peso. Además, el nuevo refuerzo de Vélez Sarfield, Víctor Zapata terminó su vinculación con el club de Núñez y se retiro acusando la falta de pago por parte de la dirigencia del club.
De todas formas y sin lugar a dudas, el peor incidente, o el que más trascendencia tomó, a través de su estado público, fue el conflicto de los barras bravas, donde dos sectores de la barra millonaria, también llamada los “Borrachos del tablón” se disputaron el control de la misma. La refriega finalizó con resultados trágicos, la muerte de uno de sus integrantes, Gozalo ACRO, supuestamen
te ajusticiado por el sector que lidera Adrián Shlanker.Sin lugar a dudas esta es la gota que derramó el vaso, y puso en evidencia la suma de “pasos en falso” que viene dando la dirigencia de River y, en especial, su presidente José Maria Aguilar. La connivencia de los violentos y aquellos que conducen los destinos de la institución es innegable, y los constantes hechos de violencia mantienen paralizado el mundo “riverplatense”, inclusivo en el aspecto deportivo.
El titular de la entidad debería haber dejado su mandato hace demasiado tiempo, para que un club tan poderoso y lleno de gloria en la historia, se preocupe exclusivamente por otras cuestiones: Torneo Apertura o alguna Copa Internacional que hace tiempo no gana. Su historia se lo exige, tiene que volver a ser el River que todo el mundo conoce y no un recinto donde triunfa la delincuencia. Para esto se necesita mucha paciencia y un fuerte recambio en su plantel dirigencial.
Diego Mo.










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